Libro de jasper
Capítulo XVII
Capítulo XVII
Todo iba marchando de maravilla, el viaje había sido abrazador pero tranquilo.
Alice revoloteaba de aquí para allá, aunque yo sabía que solo lo hacía un poco para no verme triste y otro tanto gracias a mis poderes.
Aquel castillo era tan enorme como lo recordaba, no estaba muy seguro de que esto funcionase pero no creía que tuviésemos otra alternativa.
- Honey, todo va a estar bien no te preocupes. Nos adaptaremos, te cuidaré y todo saldrá de maravilla - mi dulce ángel entregaba todo el positivismo que yo no podía dar en ese momento, pero ella era tan alegre que sumaba por los dos.
- Lo sé cariño, de todos modos estoy un tanto asustado, si esa es la palabra. – sonreí ante la ironía de que Jasper Hale estuviese asustado, pero por esta pequeña niña era capaz de todo, hasta de morir de miedo.
Entramos a aquella fortaleza y como no era de sorprenderse ellos nos estaban esperando.
Jane nos llevó hasta las profundidades del catillo; mi relación con ella siempre fue de un odio absoluto, no solamente por lo cruel que era esa niña diabólica, sino porque cada vez que nos veíamos alguna pelea debíamos de tener.
- Hola Alice, bienvenida. - el rostro de aquella odiosa rubia se hizo de angelical a endemoniado de un segundo a otro. - Hola Jasper… no puedo decir lo mismo – sonrió maléficamente y carcajeó por lo bajo.
- Hola Jane - se limitó a decir Alice secamente. – De seguro ya te habrás informado sobre las características de nuestra visita.
- naturalmente, mi amiga.
- no le digas amiga – gruñí por lo bajo, tan débil que solo las ratas con los oídos más agudizados podrían haberlo escuchado, ratas como Jane, por supuesto.
- Haré oídos sordos a lo que acabo de oír, “AMIGO” – concluyó con sutil ironía y perspicacia. – ¡¡Alec!! –finalizó con un agudo grito.
De las profundidades, a pasos secos, apareció de las sombras la figura de un corpulento vampiro de refinados rasgos. Era Alec, el hermano de sangre de Jane. Como era de imaginar la mezquindad era heredada genéticamente. Su hermano era igualmente indeseable como ella.
Tanto Alice como yo esperamos el dichoso discurso de Alec, pero reinó un silencio sepulcral, aunque, después de todo, estábamos en las profundidades de las catacumbas.
- En fin, Aro les tiene preparado dos dormitorios, uno para la dama y el otro para el monstruo. – interrumpió Jane cuando ya estábamos disfrutando del dichoso silencio.
- ¿Qué? – acotó Alice
- ¿Cómo me dijiste asquerosa? – No me importó el concepto de su frase en realidad, porque solo le presté atención a la última palabra. Ese demonio ya me estaba sacando de casillas y eso que era el primer día de nuestra estadía.
- Eso no, honey… ¿qué dos habitaciones? Pero…
Ahora sí Alec emitió palabra:
- Tanto Aro como Cayo y Marcus creen conveniente que se encuentren algo distanciados mientras dure su parada aquí, para una mejor exanimación supongo.
- Me importa poco, yo me voy a quedar con ella de todos modos - dije aún enojado por culpa de aquella escandalosa rubia.
- Lamentablemente ustedes vinieron aquí para que los ayudemos, van a tener que estar bajo nuestras ordenes - volvió a hablar Jane.
- Querrás decir de Aro, Cayo y Marcus. Tu solo eres una lacaya pequeña pretenciosa.
- ¡¡Lacayo serás tú maldito!! - los ojos de ella se pusieron enormes de repente.
- ¡BASTA JANE Y MAS TE VALE QUE TU TAMBIEN HALE! No quiero tener que usar mis poderes ni tampoco obligar a mi hermana a hacerlo ¿oíste? - grito Alec, y en ese preciso instante ésta se tranquilizo pero yo no perdí mi postura.
- Vengan, mañana hablaran con ellos, por hoy quédense en sus habitaciones - prosiguió serenamente.
Alice me miro y me dio la aceptación simplemente con la mirada y me apacigüe.
Ambos, Jane y su hermano nos dirigieron por un largo corredor y a medida que avanzábamos, se nos fueron sumando vampiros con una especie de uniforme de soldado, muy distintos a los de nuestros guías.
- ¿Soldados de custodia? No comprendo… - preguntó Alice.
- Son lo que son. Están aquí para cuidarlos o, mejor dicho, cuidar de que cumplan las reglas. –contestó Jane mientras me fulminaba con la mirada. Por un instante hasta temí que utilizara su extraño pero letal poder.
- Bromeas ¿Verdad? – intenté añadir con sutil ironía pero un gruñido escapó de mis orificios nasales.
- Nunca hablé más en serio Jasper Hale y te recomiendo que bajes los decibeles plebeyo porque estás hablando con una superiora.
- ¡¿Qué tu qué?! - chillé
- Desde ahora son “cautivos” de este lugar y deberán acotar nuestras reglas al pie de la letra.
- Querrás decir conejillos de indias ¿no? Supuestamente somos invitados, tendríamos que poder movilizarnos a nuestro antojo.
- Nadie dijo que sean invitados, están aquí Gracias a la fuerte persuasión de su líder de aquelarre. Y si fueran invitados, pues dejarían de serlos de un momento a otro si siguen con ese comportamiento, me aseguraría de eso – nos amenazó la demoniaca rubia.
- ¡Anda ya Jasper! – me suplicó mi esposa – hagamos lo que ordenan y ya. Mientras les demos más pie es peor ¿Donde están nuestros cuartos?
- El tuyo, Alice, es aquí.
Jane le señaló una pequeña puerta que daba a una gigantesca torre.
- Espero que sea de tu agrado. Prosigamos… – continuó Alec con apuro – vamos Jasper.
Alice amagó a avanzar con nosotros pero Jane la frenó.
- Hasta aquí llegaste amiga. Te veremos mañana. Cuídenla- le señalo a un grupo de soldados.
- Pero… ¡debe ser un chiste! – bramó.
- No lo es señorita Cullen. Es por su bien. La veo luego – finalizó Jane.
- ¡¡NO!! – corrí hacia mi mujer abriéndome paso y la rodeé con mis brazos como su fueran fuertes tenazas. – no me separaré de ella, se los dije.
- Jasper no seas tonto. A mí tampoco me agrada pero obedezcamos ¿sí? Hazlo por mí.
- Pero…Uy! de acuerdo – bufé.
- Te amo y gracias. – finalizó secamente.
Nos despedimos con un intenso pero corto beso y seguí camino a zancadas.













0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada